miércoles, 16 de enero de 2008

Está terminando unos de los mejores días que pasé hasta ahora en este lugar. Todo comenzó con el anuncio de una búsqueda del tesoro, juego que aparentemente ya es una tradición en este campamento. Recuerdo que Santiago lo había mencionado exaltado en el viaje, pero no imaginé que a mí me pudiera entusiasmar.
Mi día comenzó cuando a las 7:30 a.m. sonó el despertador. Me duché mientras las otras chicas continuaban durmiendo y por primera vez en mucho tiempo presté atención a las gotas de agua impactando en mi piel. Como todavía era temprano cuando terminé de cambiarme decidí dar un paseo por el bosque. Tomé mi cámara de fotos y me encaminé hacia el arroyo que había a unos cuantos metros cerca de las cabañas de chicas. Debo haber estado un poco menos de una hora sobre el puente que lo atravesaba, observando el correr lento del agua, las rocas a los alrededores y algunas monedas perdidas en el fondo que brillaban cuando el sol se reflejaba en ellas. Cuando escuché las campanadas que despertaban al campamento me apresuré para llegar a la cabaña central a tiempo. Algunos chicos ya se habían sentado para desayunar. Otros en cambio todavía no aparecían. Vi entrar a Santiago y le sonreí. Se sentó a mi lado sin decir nada y apoyó su frente sobre la mesa de madera con la evidente intención de seguir durmiendo. No me atreví a despertarlo. Me había encantado que se sentara al lado mío. No pude evitar sonreír al pensar en eso.
Al finalizar el desayuno alrededor de las 10 de la mañana, se hizo el anuncio de la búsqueda del tesoro. El juego comenzaría a las 10.30 a.m. en punto cuando los dos equipos recibieran la primera pista que guiaría a una siguiente. Me correspondió ser del equipo rojo y a Santiago del azul. Me apenó un poco no estar en el mismo. La primera pista que nos tocó al equipo rojo fue una frase en un trozo de papel dentro de un sobre que nos entregaron los profesores:

"¡Nosotras, Aguas de Vida!
Fuente que a sí misma se debe
Y fluye con más abundancia
Cuanto más de sus aguas se bebe."

Recuerdo que nos miramos entre todos sin comprender. Una chica, Sofía, dio vuelta el papel y vimos el número 406 escrito en el centro. Se escuchó una voz que no llegué a identificar diciendo que debería ser el número de pista. Alguien más sugirió que podría ser un camino, pero nadie recordaba que estuvieran numerados. Guille, un amigo de Santiago, propuso analizar el texto en el papel. Empezamos a discutir que la mención de agua podría significar que la pista debería encontrarse cerca o en alguna fuente de agua como el lago, el arroyo o el mar. Guille comenzó a leer en voz alta el texto para que todos escucharan, pero antes de que pudiera terminar la segunda línea un chico con anteojos que se encontraba a mi izquierda finalizó el relato en su lugar sin mirar el papel.
-¿Lo conoces?- preguntaron varios con caras desconcertadas.
-Es el mensaje de las aguas que traduce Fújur en una aventura con Bastián y Atreyu para que puedan continuar el camino.
Nadie dijo nada.
-Es una cita de La Historia Interminable
Muchos levantaron las cejas mirándolo con expresión de desconfianza. El chico bajó la cabeza para mirar el suelo. El pelo le cubrió la cara y entonces lo reconocí. Siempre estaba en un rincón de la sala común escondido en algún libro.
-Hay que dividirnos en tres grupos. Unos deben ir al arroyo, otros al lago y el último grupo al mar. No encontramos aquí en una hora.- dijo Guille.
-¡Esperen!- grité sin pensar. Varios que ya se habían encaminado para irse se detuvieron.- Quizás..- titubeé.- Quizás esa es la clave, el fragmento del libro. Podríamos buscarlo en biblioteca antes de encaminarnos a las aguas. No perdemos nada.
Guille entrecerró los ojos al mirarme. Me dio la impresión de que mi plan no le había agradado en absoluto. Pero la mayoría se acercó respaldando mi idea.
-¿Cómo te llamas?- le pregunté al chico de anteojos.
-Martín.
-¿Sabes dónde está la biblioteca?- le pregunté.
-Por supuesto.- dijo.
A continuación, todos nos dirigimos a la biblioteca. Martín no tardó en encontrar La Historia Interminable de Michael Ende en la mitad del tercer estante. Abrió el libro y comenzó a hojearlo buscando la frase.
-No recuerdo en que página está.
-Fíjate en la 406.- dije con una intuición.
-¡Aquí está!- gritó sosteniendo triunfante en la mano un papel.
Guille se lo quitó de la mano y sin decir nada salió de la biblioteca. Todos lo seguimos al comedor y nos sentamos en una mesa a observar el papel que habíamos encontrado dentro del libro.. que misteriosamente estaba en blanco. Nadie sabía que hacer y recién luego de veinte minutos de reflexión Andy sugirió que esa pista podría conectarse con la anterior. Sin dudarlo, Guille buscó un vaso de agua y volcó la mitad sobre el papel. La mayoría del grupo gritó, pero las voces se fueron apagando al ver como un mapa se iba dibujando en la hoja. Se escucharon comentarios sobre cómo podía ser que a nadie se le hubiese ocurrido hacer eso antes. Al parecer era muy común la tinta invisible en pistas de la búsqueda del tesoro.
El grupo entero se encaminó al punto que estaba marcado con una cruz en el mapa: la cabaña número seis, curiosamente la de Santiago y sus amigos. Guille se resistió bastante a dejarnos entrar para buscar la siguiente pista, pero él era el único de esa cabaña, por lo que ganó la mayoría. La mitad del equipo se dedicó a buscar en los alrededores de la cabaña, y la otra mitad dentro de ésta. Al entrar sentí que, de alguna manera, estaba invadiendo a Santiago. Mientras Guille y otros dos chicos buscaban en los muebles, yo me enfoqué en la mesa de luz de mi amigo. Por más que no dejaba de sentir que lo que estaba haciendo no era correcto, no iba a perder la oportunidad de espiar.
Debajo de la cama de Santiago hallé un block de hojas de dibujo con unos cuantos bocetos. Dejé de respirar por unos segundos cuando encontré un retrato mío. Era tan idéntico que me asustó. No tenía idea de que Santiago me hubiera dibujado. No sabía qué pensar. No estaba segura si decirle algo, pero en cuanto comprendí que no debería haber visto esas ilustraciones decidí olvidar lo sucedido.
Volviendo a la búsqueda del tesoro… unos chicos encontraron una caja de madera debajo de las escaleras de la cabaña. La caja contenía una llave y la indicación de dirigirnos a la playa. Después de media hora de caminata llegamos a los acantilados y descendimos a la playa por el camino lateral. Era increíblemente perfecta la vista. Nunca fui amante de la playa, pero la tranquilidad que me transmitió ese lugar me despertó ganas de regresar y caminar en la orilla mojándome los pies.
La pista en la playa nos condujo de vuelta al comedor para almorzar.
La Búsqueda continuó, pero sólo pude compartir unos momentos con Santiago. Anochecía y mi equipo estaba en plena búsqueda de un grabado en un árbol de un trébol de cuatro hojas. Mientras exploraba los árboles en el sector que me correspondía encontré a Santiago recostado contra un tronco. Al principio supuse que también estaba buscando una pista, pero su pose y expresión de despreocupado y a la vez pensativo me hicieron dudar. Me senté a su lado, me contó que esta era la primera vez que perdía interés en el juego, dado que sentía que la búsqueda no era por diversión, sino sólo para ganar.
-No sé qué decir.- dije al cabo de un rato.
-No es necesario que digas nada.- me dijo sonriendo. –A todo esto, ¿qué haces por aquí?
-Tengo que ubicar un grabado en un árbol, un trébol de cuatro hojas.
-Así que un trébol de cuatro hojas - repitió en un tono misterioso. -Sígueme..
Caminamos unos cuantos metros hasta llegar a un árbol con un perfecto grabado de un trébol de cuatro hojas y un sobre debajo.
-Mira, ahí está tu pista.- dijo tendiéndome el sobre.
Sonreí. De repente sentí mucho frío y no pude evitar temblar. Definitivamente estaba refrescando. Tuve la impresión de que Santiago quería ofrecerme su campera, y quizás fue el grupo de personas del equipo rojo que se aproximaban lo que lo detuvo. Él desapareció entre los árboles y yo me uní nuevamente a mi equipo.
La Búsqueda del Tesoro finalizó ya de noche. Anunciaron al equipo ganador en la sala común y luego hubo una cena de celebración. Apenas terminé me levanté de la mesa y salí a tomar algo de aire fresco. El frío me obligo a resguardar mis manos en los bolsillos de ese abrigo abandonado que no usaba hacía años. Para mi sorpresa encontré una moneda. Jugué unos instantes con ella entre los dedos y entonces se me ocurrió ir al arroyo y pedir un deseo.
Estaba ya en el puente mirando el correr del agua cuando se acercó Santiago, haciéndome compañía en silencio.
Pasaron unos minutos y sentí la necesidad de interrumpir ese silencio.
-¿Tienes una moneda?.-le pregunté.
-No, dejé todo en mi cabaña.-dijo con cierta amargura
Lamenté entonces no poder pedir ambos un deseo.
-Lancemos mi moneda juntos.- sugerí, pero Santiago no pareció sentirse cómodo con la idea dando una excusa tan absurda que me hizo reír al punto de dejar caer la moneda en el agua.
Hablamos un rato más antes de regresar. Al volver, una vez recostada en la cama sentí una extraña necesidad de escribir sobre este día y me encaminé a la sala común deseando que nadie estuviera ocupando la computadora.
El inicio de mi día fue algo borroso. Recuerdo que me senté al lado de Virginia en el desayuno. Pensé en decirle algo -no recuerdo qué- y luego mi memoria no me proporciona casi nada hasta que me despertaron diciéndome que este año me tocaba ser del equipo azul. Miré a mi costado suponiendo que Virginia también sería azul, pero ya no estaba.

Fui donde se agrupaban los azules, saludé a algunos y nos pusimos a conversar hasta que nos dieron el primer sobre. Tenía escrita esta frase: “Carpe diem quam minimun credula postero”. Fueron a buscar un diccionario de latín, pero no era necesario. Varios sabíamos que significaba algo como “aprovecha el día, porque no sabes si habrá otro después”… pero eso no nos decía nada…

–Santiago -me dijo un amigo luego de unos diez minutos- es el lema del campamento
–Cierto -exclame- ¿Cómo pude olvidarlo?

Luego de recordar todos los sitios en que estaba el lema, decimos empezar por la entrada y fue la decisión correcta: logramos encontrar nuestra segunda pista. Esta nos hizo pensar más que la primera. Hasta dudamos de que aquella bolsa con monedas fuera, realmente, la siguiente pista. Jugamos un poco con los valores de las monedas, con los años de antigüedad, con los tamaños, con qué podríamos comprar con ellas… pero no llegamos a nada.

–Tiremos al arroyo una de las monedas y pidamos el deseo de encontrar la otra pista –recomendó resignada Alicia, una de las amigas que sólo veía en los veranos.

Desde ese instante, aunque nos haga quedar mal a todos los que oímos esa frase, nos tomó un buen rato para darnos cuenta que esa era la clave: teníamos que ir al arroyo. Camino al puente nos reprochábamos mutuamente nuestra demora. Todos los veranos acostumbrábamos ir a pedir deseos ya sea en grupo o, si era algo vergonzoso o personal, en secreto. Y, aunque nunca lo había hecho, sabía que las parejas solían pedir un deseo por ellas, tirando la moneda al mismo tiempo.

Llegamos al puente y miramos a todos lados. Encontrar la tercera pista iba a ser más difícil, al parecer. Buscamos en el puente, debajo de este, en las orillas, algunos se aventuraron dentro del arroyo; sin embargo, no veíamos más que algunas monedas producto de añoranzas pasadas. Mientras seguíamos buscando, me senté pensando si alguno de esos deseos se habría cumplido alguna vez.

–Hey -gritó alguien- Hey, vengan para acá.

Cuando nos acercamos, Jenny estaba jalando algo que, al parecer, estaba atorado entre algunas rocas bajo el agua. Siguió jalando hasta que logró liberar lo que tenía entre las manos, el problema fue que no pudo mantener el equilibrio y cayó sentada.

–El agua está fría –exclamó entre risas mientras se paraba rápidamente.

No le sirvió de nada doblar su jean a la altura de la rodilla para no mojarlo…

–Buahh -protestó- era nuevo!.

Lo que había rescatado Jenny era un envase de plástico. Estaba muy bien sellado. Vueltas y vueltas de cinta adhesiva en la tapa evitaron que entrara agua y mojara el papel que contenía. Cuidadosamente, intentando que no se rompiera, tomamos el papel. Al desdoblarlo, cayó un polvillo negro. Fue gracioso ver cómo todos cogíamos el aire tratando de salvar el polvillo antes de que fuera llevado por el viento, donde no lo pudiéramos recuperar jamás. Observando lo que quedó en el papel y, previa degustación, descubrimos que era ceniza.

Apresurados, nos dividimos en dos grupos: uno buscaría en el horno de la cocina; otro, en el lugar de la fogata. Nos llamaríamos por celular al encontrar algo.

En la cocina nos hicieron problemas para dejarnos pasar. Sólo dejaron ingresar a Jenny y a Ricardo, otro de mis amigos de verano. Salieron con las manos vacías y cara resignada: “No hay nada… sólo carne del almuerzo”. Sonreí.

Nos llamaron del otro grupo y nos dijeron que volviéramos, ya que la pista era bastante confusa. Llegamos luego de unos tropiezos y comprendimos a qué se referían con “bastante”. ¿Qué teníamos que razonar respecto a un peluche de vaca para que nos llevara a la próxima pista?

Aproximadamente, media hora después estaba comiendo carne en el almuerzo… carne de vaca. Y, aunque me encanta la carne asada, no comí a gusto. En un primer momento, busqué a Virginia para sentarme con ella. Pregunté a algunos miembros de mi equipo si la habían visto. Cuando les aclaraba que era alguien del equipo rojo me respondían con una mueca de disgusto. Me senté un momento a tratar de convencerlos (sin resultado) de que no era una guerra y que no tenía nada de malo sentarse con alguien del otro equipo. Seguí con mi búsqueda de Virginia. Esta vez, traté de buscarla en la masa roja, pero recibía el mismo rechazo por ser del color contrario. Cuando logré ubicarla ya estaba sentada con dos chicas de su equipo. Decidí dejarlo así, ya que no era quién para interrumpir su conversación y sentí algo... como si quisiera poder tener esa potestad. Mientras comía traté de llamar su atención con la mirada, pero ella nunca volteó a verme... Y no tenía por qué hacerlo, ¿verdad?

Después del almuerzo continuaron las dos últimas pistas de la Búsqueda. Realicé un último intento para acercarme a Virginia, pero los de mi equipo no dejaban de insistir en que teníamos que esperar juntos la penúltima pista.

Efectivamente, íbamos a necesitar todo el equipo. El sobre contenía un mensaje encriptado. Recordé algo parecido en algún cuento de Poe, por lo que fueron a buscar a la pequeña biblioteca. Aproveché ese movimiento para escabullirme, primero, tras las cabañas y, luego, bajo las sombras de los árboles del bosque. De vez en cuando veía a los lejos un personaje rojo o azul, pero no le tomaba importancia. Hasta que uno empezó a caminar en dirección hacia mí, y descubrí que no era “uno”, sino “una”. Y que esa “una”, era Virginia.

–Buscando una pista, seguro -me dijo sonriendo-.

–No -le dije- al contrario… estoy alejándome de toda pista que haya. Le conté que era la primera vez que sentía que el juego no era por diversión, sino por el afán de ganar o ganar, lo que me incomodaba un poco. No mencioné, obviamente, mis intentos frustrados de conversar con ella en el almuerzo.

Virginia no supo qué responder. Le dije que no era necesario decir nada. Le pregunté entonces qué hacía y me dijo que buscaba una pista:

–No entendí exactamente lo que decía dentro del sobre -me dijo- pero me dijeron que buscara un grabado en un árbol en forma de 'trébol de cuatro hojas'

–Así que un trébol de cuatro hojas - repetí con una voz sospechosa

–Ehh...¿Santiago?

–Sígueme, ya sé dónde está.

No caminamos ni 50 metros hasta que llegamos al pie del árbol con el grabado, sin embargo, empecé a sentir un poco de frío.

–Mira, ahí está tu pista. Le tendí el sobre con la pista y, en ese instante, una ráfaga de viento hizo que su cabello cobrara vida propia por unos instantes. Luego de eso, con el sobre ya en la mano, Virginia trató de peinarse un poco... Yo, por más que traté de decir algo, seguí embobado (lo admito) por lo bella que se vio mientras su pelo seguía el rumbo del viento.

El frío hizo que recobrara el sentido y me di cuenta de que Virginia estaba temblando. Estuve apunto de quitarme la campera, pero escuché que venían algunas personas. Logré reconocer a través de algunos árboles que se acercaban integrantes del equipo de ella, por lo que, sin que nadie se percatara, me escondí detrás de unos árboles.

No logré escuchar lo que le dijeron. Sólo supe que, mientras se marchaban, el atardecer empezó a teñir de rojo el cielo y el mar.

La Búsqueda terminó. Anunciaron al ganador. Hubo celebración. Antes de ir a dormir, quise ver correr el agua del arroyo. Caminé entre los árboles y recordé lo que había pasado hace solo algunas horas entre algunos de ellos. Y, sin creerlo, reconocí a Virginia a unos metros. ¡Estaba en el puente mirando el arroyo! Me acerqué a ella. Tenía una moneda en la mano. Un deseo definitivamente. No quise molestarla y solo me paré apoyado en la baranda del puente, a su lado, viendo cómo discurría la cristalina agua.

–¿Tienes una moneda? -me preguntó.
-No -le dije- dejé todo en mi cabaña.
-Mmmm -dijo mientras volteaba a mirarme- ahora no vamos a poder pedir un deseo juntos.

Inmediatamente, mi mente desmintió esa afirmación. En teoría, podíamos tirar una moneda juntos. De esa manera, cada uno podría pedir un deseo con una sola moneda. Pero... -y fue aquí que me di cuenta lo que estaba pensando- eso era para enamorados. Entonces, no hay forma porque Virginia y yo no somos....

-Ya sé -interrumpió Virginia- lancemos mi moneda juntos.
-¿Ehh?
-Sí, sí, ¿por qué no?
-Es que... no, luego el arroyo se resentirá de que no tiramos dos monedas y no va a cumplir ningún deseo... Sí, eso es.

Jamás había dicho una tontería tan grande. Para suerte mía, Virginia no se lo tomó en serio y se rió. Luego me tocó reír a mí, porque, mientras ella se reía, se le cayó la moneda y no pidió ningún deseo.

Nos quedamos conversando un rato más sobre el campamento antes de caminar a través del bosque para volver. Estuve a punto de decirle que quería escribir en mi blog sobre lo que había pasado en el día, pero dudé. Quizá le parece tonto escribir tu vida en un blog (más teniendo en cuenta que soy hombre). Me decidí por decir que quería revisar mi correo. Ella siguió su camino rumbo a su cabaña.

domingo, 13 de enero de 2008

En el bosque nos fue mejor de lo que creí. Dejando de lado el hecho de que me asusté cuando vi una tarántula dentro de un frasco demasiado cerca de mí (Guille la capturó no sé para qué), todo salió perfecto. Logramos enterrar nuestra 'cápsula del tiempo', escalar hasta la cima de una montaña menor e "izar nuestra bandera" (camiseta de uno de los chicos.)

Al regreso, varias horas después de nuestra partida, cuando estábamos por entrar a la cabaña principal vi que Virginia estaba sola en las escaleras de su cabaña. Me acerqué a ella y me senté a su lado. Cuando le pregunté qué pasaba, me respondió secamente que no podía adentrarme en el bosque sin avisarle a nadie.
-Ni que necesitara permiso - le dije - además nadie debió notar nuestra ausencia
-Yo la noté-respondió
Antes de que se levantara y entrara a su cabaña sin decir más, pude ver como se sonrojaba ligeramente.
Fue en ese momento que me di cuenta que había pasado muy poco tiempo con Virginia desde que llegamos al campamento. Habíamos venido juntos, debería compartir más tiempo con ella... ¿verdad?

Tratando de reivindicarme, fui a buscarla para ir juntos a escuchar historias de terror al bosque. A pesar de que en un principio se fastidió al verme (me recibió con un álgido "¿qué haces acá?"), luego de unos instantes estuvimos caminando juntos.
Creo que Virginia la pasó bien. Al regreso cruzamos algunas palabras y la noté más animada. Ojalá no me equivoque.

sábado, 12 de enero de 2008

No estoy segura si tenía derecho a preocuparme, pero ayer al mediodía Santiago desapareció del campamento junto con dos amigos. Ya de noche, estaba sentada en las escaleras de mi cabaña cuando cerca de las 9 pm lo vi salir del bosque junto con los otros chicos. Vio de lejos que lo observaba, les hizo señas a sus amigos de que se encaminaran al comedor sin él y se acercó. Se sentó a mi lado y me miró. No dije nada y enfoqué mi mirada en un sector del suelo.

-¿Qué sucede?
-¿En qué estabas pensando? ¿Adentrarte en el bosque sin avisarle a nadie?
-Ni que necesitara permiso, y además.. nadie debe haber notado nuestra ausencia.
-Yo lo noté.- Sin decir más subí los pocos escalones que me separaban de la puerta de la cabaña y entré sin mirar hacia atrás.

Más tarde llamaron a la puerta. Estaba sola leyendo en la cama. Andy, Jenny y Allie habían ido al bosque con el resto del grupo. Me levanté y miré por la ventana. Abrí la puerta bruscamente e intentando sostenerle la mirada pregunté,
-Qué haces aquí?
Santiago carraspeó ignorando mi antipatía.
-Es noche de historias de terror y estaba pensando en que podríamos ir juntos al bosque. Todos los años solemos sentarnos en los troncos caídos en un sector de un claro y escuchamos historias. No quisiera que te lo perdieras.
No dije nada.
-Te aseguro que vale la pena. Además - dijo titubeando- ... si no pasas un buen rato prometo compensarte.
Quería sonreír, pero pude controlarme. Tomé un abrigo y sin decir nada caminé a su lado.

jueves, 10 de enero de 2008

Tal como lo recordaba. El campamento hasta el momento es genial.
Hoy terminamos de planear nuestra "incursión". Si no surge ningún inconveniente, nos vamos a adentrar en el bosque en 2 días más, antes de la noche de historias de terror. El plan es salir antes del amanecer, atravesar la cancha de fútbol y, luego de cruzar cierta espesura, llegar al camino. Desde allí nos dirigiremos al sector del bosque que está próximo a las montañas. Sabemos que es el camino más largo, pero es el más seguro: nadie nos podrá ver.

martes, 8 de enero de 2008

Entiendo que tres días es muy poco para juzgar el campamento, pero no quiero estar más acá. Me aburro terriblemente. No me siento en mi espacio en absoluto, lo cual me incomoda y... Santiago apenas comparte tiempo conmigo. No sé qué pensar. La última vez que hablamos fue ayer antes de cenar y después sólo cruzamos algunas miradas. Creí que iba a ser diferente. Creí que el plan era pasar el verano juntos. Quiero que él entienda que me siento sola. Probablemente si lo supiera no actuaría así.

domingo, 6 de enero de 2008

Desayuné rápido para escribir un poco de nuestro primer día. Ayer pasé a recoger a Virginia por su casa a las 9 am para ir a la estación de buses. Pensé en ofrecerme a llevar su maleta más grande pero cuando la vi tuve que desistir... ¡era muy pesada! Para no quedar (tan) mal cogí un maletín más pequeño, que de liviano no tenía nada...
Al llegar a la estación de buses me sentí aliviado porque pude, al fin, poner los equipajes en el suelo. Creí que las dos horas de viaje iban a ser aburridas; sin embargo, me entretuve tanto hablando con Virginia que dejé de estar pendiente del tiempo y el viaje se me hizo demasiado corto. No sabía que ella era tan espontánea. Me encantó eso.
Cuando llegamos, me encontré con unos amigos y les presenté a Virginia. Mientras ella cruzaba unas cuantas palabras con algunos de ellos, dijeron que era mejor que fuéramos a elegir nuestra cabaña para que pudiéramos estar todos en la misma. Le indiqué a Virginia hacia dónde tenía que ir para encontrar las cabañas de mujeres. Por un segundo creí que me iba a preguntar si podía acompañarla, pero dio media vuelta y se encaminó a las cabañas de chicas.
El resto del día pasó rápido. Estuve hablando con mis amigos sobre todo lo que habíamos hecho durante el año. Estábamos tan entretenidos escuchando las historias de otros que seguimos hablando después de la cena, hasta que uno por uno, ya en nuestra cabaña, nos empezamos a quedar dormidos.

sábado, 5 de enero de 2008

Lo primero que pensé al despertarme fue "¡al fin llegó el día!". Ya tenía todas mis cosas empacadas, por lo que sólo debía ducharme y esperar a que Santiago me pasara a buscar. Cerca de las 9 golpearon en la puerta. Recibí a Santiago con 5 maletas y un bolso de mano. Indescriptible la expresión de su cara cuando vio la cantidad de equipaje que llevaba.
Mientras nos encaminábamos a la estación de buses Santiago me contó de campamentos de veranos anteriores. Al llegar nos sentamos a esperar el próximo bus. Las dos horas de viaje parecieron mucho menos. Me entretuve tanto que perdí la noción del tiempo y antes de darme cuenta ya habíamos llegado. Al entrar al campamento unos amigos de Santiago vinieron a recibirnos. Luego de presentarme, Santiago me indicó dónde quedaban las cabañas de chicas. Me hubiera gustado que me acompañara, pero se lo veía muy ansioso por estar con sus amigos. Golpeé en una de las cabañas y una chica de pelo castaño, largo por la cintura abrió la puerta y me invitó a pasar. Soy Andy, me dijo antes de indicarme la última cama libre. Apoyé una maleta sobre el acolchado y me senté. Se acercaron dos chicas más: Allie y Jenny; entre las cuatro acomodamos nuestras cosas y decoramos la cabaña. Me divertí muchísimo, no esperaba que fuera tan fácil hacer amigas.
A la noche hubo una cena de bienvenida. Vi de lejos a Santiago hablando con sus amigos por lo que no me acerqué. Decidí sentarme al lado de Andy y dejar de pensar en él. Cuando terminamos de cenar, Andy y Jenny me mostraron la cabaña central. En la sala de estar hay dos computadoras, lo cual me sorprendió. No creí que pudiera seguir publicando en el blog desde el campamento.
Estoy cansada, debería acostarme. Último pensamiento del día: estoy algo decepcionada, creí que pasaría más tiempo con Santiago. Quizás no me habló desde que llegamos porque está demasiado entusiasmado poniéndose al día con sus amigos.

viernes, 4 de enero de 2008

martes, 1 de enero de 2008

Cuando no pude esperar más que el día acabara, salí un momento para tomar aire fresco y me sorprendí al ver que Virginia estaba afuera también. Al verme me saludó. Cerré la puerta de mi casa silenciosamente, fui a sentarme a su lado y nos quedamos en silencio. Luego de unos pocos minutos, en que el silencio se volvió incómodo para mí, la alarma de su reloj interrumpió mis pensamientos e inmediatamente el cielo se iluminó por los fuegos artificiales. Mirábamos el cielo, y entonces volteé para verla, respiré profundo y me acerqué a ella para darle un beso en la mejilla. Ella me miró durante unos instantes y luego se apoyó en mi hombro. Sonreí, aunque traté de evitarlo por miedo de que ella se diera cuenta. Continuamos juntos aun cuando los fuegos artificiales se habían extinguido. Cuando escuché que se abría la puerta de mi casa supe que, aunque no quería, debía irme. Luego de entrar a mi casa, vi por una ventana que Virginia entraba en la suya y como, a continuación, las luces se iban apagando una por una.
No había imaginado comenzar el año de esa manera, sólo puedo describirlo como.. perfecto. Eran cerca de las doce, me aburría terriblemente sentada en la mesa del comedor mirando el reloj sobre la pared, esperando que pasaran los pocos minutos faltantes. Estaba segura de una sola cosa y no dejaba de pensar en ello: este nuevo año quería, más que nada, conservar lo que había logrado con Santiago en los últimos meses; quería.. ser su amiga. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan cómoda con alguien y no estaba dispuesta a perderlo.
Y al no poder tolerar más el sonido de las agujas del reloj, me levanté y abrí la puerta de entrada. Salí sin cerrarla y observé desde el porche lo despejado que estaba el cielo. Inconscientemente recuerdo haberme mordido el labio inferior, una de mis tantas costumbres que reflejan mi ansiedad. Unos pocos segundos después noté que la puerta de la casa vecina se abría. Vi salir a Santiago y sonreí. Se acercó y nos sentamos en las escaleras sin decir nada. La alarma que había programado para medianoche interrumpió el silencio y una lluvia de fuegos artificiales dominó repentinamente la noche. Miré hacia arriba deslumbrada, pero lo que más me sorprendió fue que Santiago me diera un beso en la mejilla. Dejé de observar el cielo para mirarlo a los ojos. Sonreí de nuevo y sin pensarlo dos veces apoyé mi cabeza sobre su hombro.

jueves, 27 de diciembre de 2007

No sé. Por alguna razón este 'año nuevo' no me despierta tanta emoción...

martes, 25 de diciembre de 2007

Admito que dormí mucho, quizás demasiado. Fue una de esas noches de las que me despierto completamente descansada y no recuerdo en absoluto qué soñé.
Ayer fue un día corto: al igual que hoy también me levanté tarde, luego salí a caminar y volví unos minutos antes de que Santiago golpeara en mi puerta. Estuvimos juntos hasta que empezó a oscurecer. Cuando se fue me quedé pensando en él... nunca había notado que tenía pecas.
Feliz navidad.
Acabo de despertar. Creí que iba a dormir más. Ayer me quedé hasta tarde, o mejor dicho, hoy me quedé hasta muy temprano por Navidad.
Ayer pasé un rato a saludar a Virginia. Le compré unas galletas (espero le hayan gustado). Ella me invitó a tomar un poco de chocolate que acababa de hacer. Estaba delicioso. Lo malo fue que me ensucié el pantalón. Lo traté de ocultar, espero que Virginia no se haya dado cuenta.
En la noche la pasé con toda mi familia. Vinieron mis abuelos, mis tíos y mis primos... Comimos, hablamos y reímos un poco.

sábado, 22 de diciembre de 2007

Ayer me confirmaron la fecha del campamento. Tenemos que llegar el sábado 5 de enero. Hasta ahora siempre fui con un amigo que tenía un lugar de sobra en el carro de su padre, pero como este año somos dos, Virginia y yo debemos ir por nuestra cuenta. Voy a investigar sobre qué ruta debemos tomar, sería el fin que nos perdiéramos de nuevo como aquella vez en el bosque.

martes, 18 de diciembre de 2007

Santiago me hizo una lista de las cosas que no debo olvidar para el campamento. Cada día me entusiasmo más. Va a ser un verano inolvidable.
Mencioné que me encanta que piense en mí?

lunes, 17 de diciembre de 2007

¡Virginia me llamó y confirmó que iba al campamento! Me sorprendió escuchar que fue su padre quien la incentivó a ir. Mañana le llevo la lista que escribí de artículos necesarios para el campamento, ojalá no crea que la estoy invadiendo.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Elijo animarme. No quiero recordar de otra manera este verano. Tiene que ser.. nuestro.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Ha pasado una semana y no sé nada de Virginia. La he buscado en varias ocasiones desde mi ventana, pero sus cortinas permanecen siempre cerradas. Creo que me emocioné creyendo que iba a ir al campamento.

martes, 11 de diciembre de 2007

Estaba tan convencida hace unos días de querer ir al campamento con Santiago. Ahora tengo dudas, miedos de que la convivencia arruine lo que creamos.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Lo escribo en el blog para no olvidarme: Tengo que decirle a Virginia que lleve un repelente de mosquitos, y tampoco se puede olvidar una gorra: hay días en los que el sol es insoportable!... por lo que también va a necesitar un bloqueador solar, tal vez tiene piel sensible o una de esas cosas de chicas...
Seguiré pensando para que no le falte nada en el campamento.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Santiago no sólo me llamó, sino que además me invitó a ir a un campamento con él por un mes. Un mes.. parece mucho, pero no creo que pueda cansarme de él. No estoy del todo segura de qué contestarle. Tengo que hablarlo con mi papá primero. Sinceramente me gustaría ir. Me emociona la idea de pasar las vacaciones juntos. Y además, ir de campamento suena divertido.
Ya llamé a Virginia. No me dio una respuesta concreta, debía consultarlo primero con su padre. Me preocupé al recordar lo sucedido algunas semanas atrás. Espero que no le parezca exagerado el tiempo del campamento...

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Mi verano va de mal en peor: Santiago sigue sin llamarme y no encuentro absolutamente nada que hacer. Lo que daría por saber si piensa en mí..

lunes, 3 de diciembre de 2007

Ayer un viejo amigo me confirmó que sí va a haber campamento este verano. Me dijo que un grupo de los que siempre van se han ido de viaje a otro lugar con su colegio, por lo que podía invitar a alguien si quería.
Pensé en Virginia, que seguro se va a aburrir todo el verano en su casa dado que no conoce a casi nadie; sin embargo, no sé por qué no me animo a llamarla...

domingo, 2 de diciembre de 2007

Esperé tanto que llegaran las vacaciones y ahora no sé qué hacer de mi tiempo. No hablé con Santiago en dos días y por alguna extraña razón no me animo a llamarlo.

sábado, 1 de diciembre de 2007

viernes, 30 de noviembre de 2007

El martes rendí biología. Me encontré con Santiago en el pasillo antes de entrar al aula. Nos miramos y nos deseamos suerte. Lo noté nervioso. Ojalá no lo estuviera tanto como yo. Pero apenas me entregaron el examen y leí las primeras consignas me relajé. Estaba preparada. Y sabía que él también. Terminamos casi al mismo tiempo y luego nos fuimos caminando juntos.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

¡¡Pasé biología!!
¡¡Voy a estar libre en las vacaciones!!
Recién escribo porque mi personal tuvo serios problemas estos días... creo que empezó a fallar el día que estudié con Virginia. A pesar de ello, me divertí mucho esa tarde: jamás había reído tanto y comprendido biología al mismo tiempo. La pasé genial con ella.
Empiezo a comparar el primer día que la vi con ayer, que fue nuestro examen. Definitivamente nos hemos vuelto muy buenos amigos: me alegro de haberla conocido.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Nunca me divertí tanto estudiando con alguien. Increíble que pudiéramos concentrarnos. Estoy empezando a creer que el trabajo del bosque no salió como esperábamos, porque nosotros no pudimos congeniar en ese entonces. Ser amigos es lo mejor que nos podía pasar.

martes, 20 de noviembre de 2007

Ayer llovió muchísimo. Era un día demasiado perfecto para ver películas recostada en un sillón. No podía negarme. Santiago me invitó a su casa y pasé la tarde con él a pesar de haberle prometido a mi papá quedarme en casa a esperar un paquete. Me llamó cerca de las 8 de la noche cuando recién empezaba a oscurecer y tuve que volver a casa. No estaba tan enojado como parecía por teléfono. Incluso sugirió que podría haber invitado yo a Santiago. No se me habría ocurrido. Esta amistad es todavía muy nueva. Quedé con Santiago en estudiar biología el jueves… podría decirle si quiere venir él a mi casa esta vez.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Virginia se acaba de ir. Estábamos hablando de su antiguo colegio hasta que su padre la llamó. No sé qué le dijo, pero luego de la llamada se puso algo nerviosa y se fue rápidamente. Ojalá no haya sido nada malo. Me siento un poco mal al pensar que quizás su padre se enojó con ella porque estuvo esa tarde conmigo.
No debí mirar por la ventana, porque fue así que vi a Virginia en su cuarto, le hice señas de bajar y luego de ir a su porche corriendo (para no mojarme mucho ...la lluvia estaba intensa) la invité a mi casa a ver una película.
Espero que ella la haya pasado tan bien como yo. Aunque no creo. Se asustó con algunas escenas de la película mientras yo sonreía. Creo que daba más miedo por el sonido de las gotas de la lluvia que chocaban contra la ventaba.
Quedamos en estudiar biología el jueves. Ojalá no nos vaya tan mal como con el trabajo en el bosque.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Necesito escribir sobre ayer a la noche. Eran cerca de las 10 pm cuando Santiago me llamó por teléfono. Fue completamente inesperado. No imaginé que querría seguir hablando luego de haber pasado toda la tarde juntos. Conversamos por horas y fue tan mágico. Hablamos de nuestros pasados, planes futuros, sueños, miedos, deseos, me contó historias del pueblo, y cuando nos estábamos despidiendo me preguntó si querría estudiar biología con él en la semana. Después de cortar intenté dormirme, pero aunque estuviera cansada no podía conciliar el sueño. Me quedé leyendo en la cama, pero me costaba concentrarme. Todavía no podía creer que nos hubiéramos vuelto amigos en tan sólo unos días. Cansada de leer la misma línea por quinta vez sin encontrarle sentido alguno, me paré y me acerqué a la ventana. Vi como las cortinas de la habitación de Santiago terminaban de cerrarse. Apoyé una mano sobre el vidrio, pero fue inútil.

Tuve un debate interior antes de hacerlo. Dudé mucho antes de coger el teléfono y arriesgarme a llamar al antiguo número de los vecinos. No estaba seguro si me iba a contestar alguien, especialmente ella. Mi corazón latía rápidamente mientras escuchaba timbrar el teléfono. Cuando contestó mi corazón dio un vuelco. Por el tono de su voz, supe que no esperaba la llamada. Me atreví a presentarme después de haberla escuchado decir 3 veces "aló". Tuve que aclarar mi garganta, pero luego de eso todo fue mejorando. Hablamos por horas, aunque cuando cortamos me pareció poco. Tuve ganas de llamarla de nuevo, pero no me atreví. Cuando me empezaba a vencer el sueño vi que la luz de su cuarto seguía prendida. Sonreí sin saber por qué y me acosté en mi cama, pensando en qué podría estar haciendo Virginia en ese momento.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Sábado, las 09:00 pm y recién ahora empieza a anochecer. Hoy fui al colegio a la tarde para la devolución de notas de los exámenes finales. Malas noticias: debo rendir biología en diciembre junto a 7 compañeros más (entre ellos Santiago). Cuando lo vi en la entrada me acerqué a saludarlo, y no sé por qué, pero por un momento me puse nerviosa. Ayer apenas habíamos hablado, lo que me alteró todavía más. Después de la tarde del jueves no sabía qué esperar. Quiero que seamos amigos, pero me preocupa que se sienta incómodo. Quizás pienso mucho las cosas, pero tengo miedo de que se sienta presionado si me acerco a saludarlo cada vez que lo veo. Tengo la impresión de que el otro día en el lago le di a entender que quería más atención y compañía suya. En fin, mientras me acercaba, justo cuando creí que iba a empezar a temblar por los nervios, Santiago sonrió y me preguntó si quería ir a tomar algo. Fuimos a una heladería que había abierto hace poco en el centro del pueblo. Pedimos unas malteadas y hablamos por horas. Hacía mucho tiempo que no sentía tan cómoda con alguien siendo yo misma.

Sábado. Son las 9:27 am según mi reloj…acabo de levantarme. Ayer di el paso correcto para tener que rendir biología en vacaciones. No pude responder casi nada en el examen, pero esta vez no fue mi culpa…al menos no directamente.

El jueves, luego del examen de física, vi a Virginia un poco decaída. Pensé que se le iba a pasar, pero al salir (mientras hablaba con unos amigos sobre el viaje que planeamos para vacaciones) la vi caminando sola. Me despedí de ellos y fui tras ella para preguntarle qué tal le había ido en el examen. Débilmente me dijo “bien”. Me devolvió la pregunta y le tuve que decir la verdad: “No me fue extraordinariamente…pero sí apruebo”.

El silencio se instauró en nosotros luego de saber cómo nos había ido ese día. Traté de hablar, pero antes de abrir la boca me decía interiormente que mejor debía permanecer callado. Me sentí muy incómodo con el silencio, y fue por ello, que sin pensarlo mucho, la agarré de la mano y empecé a correr. Decidí llevarla al lago para que se le suba el ánimo, no me gustó verla triste.

Cuando llegamos, nos sentamos en el muelle mirando el agua. Estuvimos hablando animadamente hasta que empezamos a discutir.

-Santiago-, me preguntó, -¿por qué no hablamos así en el colegio?-

-No seas exagerada-, le dije, -en el colegio sí hablamos.-

Me miró disgustada mientras me decía que desde que me contó lo de su mamá no habíamos cruzado más de dos oraciones seguidas.

-Escucha Virginia-, le dije tratando de tranquilizarla, -es por eso que te traje acá, para poder hablar lo que no hemos podido hablar en el colegio.-

No sé si lo dije mal o ella se lo tomó erróneamente. El hecho fue que Virginia (muy enojada) se paró mientras me preguntaba si sólo era su amigo cuando estábamos solos, lejos de las miradas de otros. Negué eso rotundamente, pero ya no me estaba escuchando.

No pude reaccionar rápidamente cuando vi que resbaló. Tampoco pude aguantar mi risa cuando oí su grito mientras caía al agua. Aún tratando de no reírme; me agaché y le ofrecí mi mano para ayudarla a subir y Virginia, sin mirarme, estiró su brazo para alcanzarla. Pude notar una sonrisa en sus labios, y cuando estuve en el agua luego de que me jalara, entendí el por qué de su gesto de felicidad.

Me enojó mucho que hubiera hecho eso, pero entendí que lo había hecho de buenas intenciones, así que me relajé y simplemente empecé a nadar. Quise nadar por poco tiempo porque me preocupó que Virginia se enfermara o algo así, pero al verla feliz, nadando también, decidí quedarme un poco más.

Yo salí antes que ella, me quité la campera que tenía puesta y la extendí esperando que se secara aunque sea un poco.

Volvimos completamente mojados, yo con mucho frío porque Virginia se puso mi campera (la obligué).

Llegué a mi casa cuando ya estaba oscureciendo. Tomé una ducha antes de sentarme a estudiar biología pero fue inútil, no pude concentrarme. Me reía solo recordando la caída de Virginia y su astucia para jalarme... y lo bien que la pasé esa tarde.

A la hora de la verdad, en biología, pasó lo que tenía que pasar. Lo poco que respondí no creo que haya sido suficiente. En fin, dentro un rato tengo que ir al colegio para ver mis resultados.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Jueves por la tarde, tengo tanto que contar! Antes que nada un informe de la semana: el lunes rendí bastante bien matemática.. no era muy complicado el examen. El martes me fue excelente (inglés), el miércoles tuve geografía… tengo que admitir que no me fue del todo bien, y hoy rendí física.. podría haberme ido mejor.

Ahora sí, gran relato de esta tarde!: Apenas sonó el timbre busqué unos libros de mi casillero y salí del colegio. Estaba algo preocupada por biología (nunca fue mi fuerte). Santiago estaba en la entrada con sus amigos. Intenté no mirarlo. Caminé hacia mi casa. Había dado tan sólo unos pasos cuando Santiago apareció a mi lado. Me preguntó cómo me había ido en el examen. Me sorprendió su actitud, no esperaba ese interés de su parte. Le contesté que bien en un tono de voz algo apagado y le devolví la pregunta. Caminamos en silencio un par de cuadras. No estaba segura de hablar. Esperaba que él dijera algo, porque era evidente que no me había alcanzado a la salida del colegio para caminar en silencio hasta nuestras casas. Estábamos llegando cuando, sin explicación alguna, me tomó de la mano y corrió. Lo seguí como pude (me arrastró todo el camino! porque es muchísimo más veloz que yo) hasta que frenamos ante el lago.

Me costó reconocerlo de día. Era el mismo lugar de la fiesta de hacía unas semanas. Fuimos hasta el muelle y nos sentamos. Creí que la conversación sería incómoda, pero fluyó como nunca antes. Sentí que lo conocía desde hacía años. Era tan simple, tan fácil estar juntos y hablar.

Pero… era evidente que ese momento no podía ser tan perfecto. Cuando surgió el tema de por qué estábamos allí, de por qué nunca hablábamos en el colegio, Santiago me dio a entender que no hablaba conmigo en público porque sólo era su amiga cuando estábamos solos. A eso le siguió una pelea, y antes de darme cuenta, cuando me paré mientras discutía, me resbalé y caí al lago. Afortunadamente el agua no estaba fría.

Santiago dejó de reírse en cuanto vio mi expresión. Se disculpó al instante y me ofreció su mano para ayudarme a subir. No lo llamaría astucia, de hecho fue bastante inmadura mi acción: tomé su mano y lo tiré al agua conmigo. Después me arrepentí, pero nos divertimos tanto nadando que mis preocupaciones desaparecieron… al igual que mi sentido del tiempo.

Pasaron horas hasta que volvimos. Se había hecho de noche, estábamos empapados y ante el riesgo de que me enfermara Santiago me prestó su campera. Caminamos sin hablar y nos despedimos en la entrada de mi casa. Me sonrió y le devolví la sonrisa. Lo vi alejarse y entré haciendo el menor ruido posible. Si mi papá me veía en esas condiciones estaría en problemas. Subí las escaleras y me encerré en el baño. Recién cuando sentí el agua caliente en mi espalda comprendí el frío que tenía. Acabo de entrar en mi cuarto. Intento estudiar, pero no puedo concentrarme. Recuerdo esta tarde y sólo puedo reírme y pensar en Santiago.

martes, 13 de noviembre de 2007

Acabo de volver del colegio y estoy tranquilo. El examen de inglés fue fácil y ayer sólo me faltó una pregunta en el de matemática. Creo que mi buen desempeño en el examen se debió en cierta parte a las copias que le saqué a los apuntes de Virginia. Todo era tan ordenado... las fórmulas más importantes resaltadas. Me imagino su cuarto... debe tener todo organizado.
Hubiera hecho lo mismo con química, porque no fue tan bien en ese examen ...aunque ahora que lo pienso mejor ...creo que ya no debo pedirle apuntes a Virginia. Cuando fui a su casa el sábado y le hice mi pedido, me miró raro, como desilusionada o triste, no sé. Es más, antes de que tuviera la oportunidad de decirle algo, me dijo 'hola' de mala gana ... me quitó las ganas de decirle que me acompañe a un local que abrieron hace poco, uno de malteadas.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Sábado

Creo escuchar voces. Hmm. Abro los ojos muy lentamente. La luz me ciega por completo. Pestañeo hasta enfocar la vista. Miro el reloj despertador sobre la mesita de luz: 11:57 a.m. Mis ojos dejan de estar entrecerrados y se abren por completo. Perdí definitivamente la mañana entera!! Quise gritar! Odio dormir tanto! Intenté incorporarme del todo pero mis energías eran más bajas de lo que creía. Salí de la cama y fui directo a ducharme. Nada mejor que una ducha para despertarme. Ignoré a mi papá hablándome y me encerré en el baño. Luego de una ducha bastante corta para mi sorpresa, me cambié y me disculpé con mi papá. Intenté decidirme entre desayunar o esperar al almuerzo mientras salía pensando al porche. Me senté en las escaleras mirando hacia el suelo. Un minuto, dos minutos, noté unas zapatillas llenas de tierra en medio de mi vista. Miré hacia arriba y lo vi, ahí estaba. Pensé en preguntar qué hacía en mi casa, pero tras una corta reflexión deduje que sería descortés. Murmuré un simple “hola” de mala gana. En ese momento me arrepentí de haber demostrado mi malhumor. Presentí que el día podía ser mejor de lo que esperaba. Quizás Santiago me invitara a algún lado, quizás pudiera pasar un tiempo con alguien esa tarde. Sentí una gran necesidad de estar acompañada. Pero no, de hecho, mi tarde fue bastante solitaria. Santiago me pidió prestado mi manual de matemática para sacarle fotocopia a las páginas que necesitaba. Rendíamos el lunes y estaba bastante ansioso. Pensé en acompañarlo, pero no me animé. Subí a buscar el libro y bajé unos minutos después. Mi cuarto no estaba precisamente ordenado así que tardé en encontrarlo. Lo observé alejarse mientras me invadía cierta angustia. Me sentía tan rara. Entré en la casa y me encerré en mi habitación con Maddie a ver películas toda la tarde. Quería que el día terminara cuanto antes, pero no pude dormirme hasta las dos y media de la mañana del domingo.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Jueves: rendí Historia Mundial. Me fue excelente. Por suerte me gusta historia..

Viernes: Química… bastante bien. Acabo de llegar y no puedo creer que llegó el fin de semana. Voy a descansar tanto (espero!). Quiero irme a dormir bien temprano así aprovecho todo lo posible el sábado.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Hace bastante que no escribo así de seguido. Quizás es porque últimamente estoy más sola que de costumbre.. no es que me moleste. De hecho, me encanta pasar un tiempo conmigo misma de vez en cuando.
Hace un rato volví de la librería (la única librería!) del pueblo: Estuve buscando novelas para entretenerme en el verano... no creo que pueda pasar el tiempo de otra forma. Algo que nunca conté sobre mí: Me encanta leer cuando no tengo nada mejor que hacer. Por lo general no tengo suficiente tiempo durante esta etapa del año, pero en el verano leer es definitivamente mi actividad favorita. Además los bosques de la zona son ideales para relajarse... y suelen ser tan solitarios como yo que no tengo ninguna duda sobre si podré concentrarme =)

Volviendo a los exámenes de fin de curso... hoy rendí lo suficientemente bien como para aprobar. De todas formas... ni que literatura fuera una materia difícil... no sé por qué me esforcé tanto. Debería enfocarme más en otras materias.
Me cansé. Mañana sigo escribiendo.
Me confié un poco con literatura. Cuando le di una rápida mirada al examen, me di cuenta de que no sabía casi nada. De a poco pude completar casi todo el examen y aliviado descubrí que sí sabía bastante.
El resto del día me la pasé buscando los apuntes que me faltaban de Historia Mundial. Quiero, al menos, tener todos los temas para aumentar mis posibilidades de aprobar.
Viendo el horario de los exámenes ...veo que lo más fácil ya pasó. Me faltan rendir las materias más complicadas ...química, matemática, física y biología ...

Mejor me voy a estudiar

martes, 6 de noviembre de 2007

Martes... mañana rindo el primer examen: Literatura. Estuve estudiando dos horas ayer y toda la tarde de hoy. Espero que me vaya bien.

Ayer vi a Santiago... sentí que me esquivó por completo. Igual yo tampoco me sentía con ganas de hablar. Por momentos siento algo, una fuerza que me atrae: Quiero hablarle, quiero estar con él... pero lo pienso de nuevo y no me siento lo suficientemente cómoda como para compartir con él partes de mi vida. A veces estoy tan segura de acercarme y... simplemente hablarle, pero cuando reacciona así, distante, después de una conversación importante me arrepiento por completo.

Tengo el presentimiento de que no me va a ir del todo bien en estos exámenes. Si tan sólo pudiera ponerme al día con.. -tengo que admitirlo- la mayoría de las materias, quizás podría terminar bien el año. De todas formas nadie puede culparme... es imposible estudiar todo lo visto en un año escolar entero en tan solo tres meses! (Mi programa era bastante distinto)

Demasiadas preocupaciones en mi mente. Ya estoy cansada y ni siquiera empecé a rendir.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Mi último fin de semana libre del mes . Dentro de unos días comienzan los exámenes de fin de año y no tengo un buen panorama, en especial para biología. El trabajo, al parecer, salió tan mal que estoy al borde de tener que rendir en vacaciones.
Además de ese problema, tengo otro: No quiero ir mañana al colegio. El viernes en la noche luego de volver del lago, me puse a pensar en Virginia ...y no sé, quizás compartimos un momento demasiado cercano. Me siento incómodo al pensar que la tengo que volver a ver luego de algo así ...

¡Aahh! ...¿Por qué me siento incómodo al pensar en ella? ¿Qué me pasa?

sábado, 3 de noviembre de 2007

No quiero empezar esta semana. Se acercan los exámenes finales y mis notas empeoran de a poco. Quisiera estudiar con alguien, necesito ayuda.

Intentando relajarme, hoy me quedé todo el día en mi cama mirando películas. Al fin tuve mi premio (y libre de culpa). Un único tema me preocupa… no puedo dejar de pensar en Santiago! No sé que hacer, siento que la noche de ayer significó un avance importante en nuestra “relación”, y me preocupa que retrocedamos. Me asusta no saber que va a pasar… y pasar el verano estudiando..

viernes, 2 de noviembre de 2007

Cuando me avisaron sobre "la fiesta del lago" no entendí por qué todos a mi alrededor se emocionaban tanto.

No me entusiasmaba ir, pero todos iban y no quería dejar de ser parte.

Estuvimos hablando un rato y luego prendieron una fogata. Fui a buscar algunas ramas para avivar el fuego, cuando vi algo moviéndose en el suelo que me hizo recordar a mi hámster. Simplemente dejó de estar tan activo y presentí que estaba enfermo así que lo llevé al veterinario. Avergonzado, vino a mi memoria el recuerdo de las lágrimas que recorrieron mi rostro la noche que murió.

Miré hacia un lado mientras volvía con las ramas, y vi la silueta de Virginia sentada en el muelle. Estaba sola mirando el lago. Pensé que podría estar con alguien que se había ido unos momentos, pero pasados unos minutos nadie apareció. Comprendí que si estaba ahí, completamente sola, necesitaba compañía. Me acerqué lentamente y me senté a su lado en silencio.

"No sé qué decir", me dijo luego de cerrar su boca al intentar decir algo. Traté de consolarla, pero nunca fui muy experto en estos temas. Creo que fallé al decirle algunas cosas de las que no tuve respuesta.

Aunque no estábamos hablando, me quedé mirándola y por primera vez me di cuenta de lo linda que era. Empecé a escucharla hablar de un tema del que yo no hablaría en su situación. Me contó que su madre la había abandonado cuando era chica, y que había sido su padre el que la crió. Me dijo también, que se sentía muy mal porque estaba peleada con él y no tenía con quien hablar.

Luego de algo así, me quedé sin palabras. No sabía qué decir. Pero para mi fortuna, una ligera lluvia empezó a caer sobre nosotros. Me levanté rápidamente y la ayudé a incorporarse. Caminamos de prisa para evitar mojarnos más. Caminamos bajo la lluvia en silencio hasta que llegamos a su casa, entonces me despedí de ella con un beso en la mejilla para luego entrar en la mía. Cerré la puerta detrás de mí y me apoyé contra la fría madera pensando.. era la primera vez que la besaba en la mejilla.

Me habían invitado a una fiesta cerca de un lago. No tenía la menor intención de ir hasta que Jenny me preguntó en el colegio -delante de todos- si iba. Me sentí muy obligada a decir que sí... luego se me ocurriría alguna excusa para no ir. Era viernes, y si sobrevivía a la semana mi premio era caminar en pijama por la casa con una taza de capuchino y mirar películas recostada en mi cama hasta que me venciera el sueño. Apenas llegué a mi casa me preparé un café y estaba eligiendo una película para la noche cuando un sentimiento de culpa me invadió por completo. Quizás mi actitud no era la mejor si deseaba hacerme amigas. De todas formas nunca me sentí identificada con las chicas de mi curso, pero no soy quien para juzgarlas si no me doy la oportunidad de conocerlas. Subí a mi cuarto lo más rápido que pude, cerré la puerta y miré mi placard. Supongo que pasé más de una hora y media buscando entre mi ropa algo que pudiera usar, porque cuando me decidí por un par de jeans y una de mis remeras favoritas.. estaba oscureciendo

Salí de la casa y me crucé con mi papá en el porche. Hacía dos días habíamos tenido una pelea importante y todavía seguíamos sin hablarnos. Hubo un silencio incómodo. Lo saludé, pero no me contestó. Entró a la casa y cerró la puerta sin mirarme. La noche pasó lenta. Estaba triste y molesta. Quería salir corriendo. Más sola no podía sentirme. Mis compañeros habían encendido una fogata y me alejé. Fui a sentarme en el muelle y miré el agua fijamente. Me pregunté si alguien notaría mi ausencia. No habían pasado cinco minutos cuando Santiago se acercó. Nos miramos y supe que él sabía que yo no quería estar ahí. Se sentó a mi lado, ninguno habló. De pronto lo entendí. Necesitaba hablar con alguien. El único contacto que mantenía con mis amigos era vía mail, tenía que decir lo que sentía a alguien real. Lo miré y dejó de observar el movimiento del agua para concentrarse en mí. Separé mis labios para decir algo, pero me arrepentí y cerré la boca al instante.

-Estabas tan cerca.- dijo desilusionado. Me reí y él también.

-No sé que decir.

-¿Por qué te alejaste del grupo?

Levanté mis hombros y los dejé caer con un suave movimiento.

-No tienes que decirme qué sucede si no quieres.

Creí que había vuelto a mirar el agua, pero su mirada todavía me envolvía. Por primera vez en mucho tiempo no dudé de alguien. Quería ser completamente sincera con él. Algo más fuerte que confianza se apoderó de mí y las palabras fluyeron cada vez con más facilidad. Hablé con un chico que poco conocía sobre un tema que había ocultado durante demasiados años: mi mamá. Todavía a mí me costaba creer que me hubiera abandonado. Le conté que apenas tenía memorias de ella, que mi papá fue quien me crió y lo mucho que me dolía estar peleada con él, porque en este momento no tenía nadie más con quien hablar. Deseaba tanto que ella todavía estuviera. Por alguna extraña razón no sentí rencor al pensar en lo mucho que siempre la necesité.

Una lluvia suave nos empezó a cubrir y me levanté para regresar, pero él fue más rápido que yo y antes de que diera el primer paso me tomó decidido de ambas manos, se acercó y me susurró al oído que siempre iba a estar para escucharme cuando necesitara a alguien. Luego me soltó con delicadeza y mis brazos cayeron atónitos a mis costados. Caminamos en silencio y de prisa. Me acompañó hasta la entrada de mi casa y luego de besarme en la mejilla se despidió sonriendo.

lunes, 22 de octubre de 2007

Hoy sí tengo más tiempo

Han pasado 7 días desde lo sucedido en el bosque. Lamentablemente nuestro trabajo no salió tan bien y me he empezado a preocupar: quizás deba dar el curso en vacaciones ...si es así mis planes de verano están arruinados. Pero no lo creo, estudiaré y listo (no puede ser tan difícil ...)
Esta semana empezó la temporada de lluvias. El miércoles por la tarde fueron excesivas. Me mojé por completo =)
El lunes me di cuenta de algo: Estaba en clase conversando con mis amigos cuando me acordé de que tenía que hablar con Virgnia acerca del trabajo de biología. Cuando se los comenté se sorprendieron y desde entonces nos miran de manera extraña a ambos. Por suerte no les comenté la salida al bosque.
Por otro lado, creo que mi hamster se enfermó. Lo noté débil y apenas se movía. Ya lo llevé al veterinario y dieron unas medicinas para que mejore.

Ayer vi a Virginia salir de su casa y me pareció que se había cortado el pelo.

sábado, 20 de octubre de 2007

Soñé con Santiago. Necesito escribir sobre esto. Todavía me tiembla todo el cuerpo. Para empezar, ayer me acosté como cualquier otra noche. Estaba relajada, había dejado un poco entreabiertas las cortinas de mi cuarto para que la oscuridad no fuera total. De a poco me fui durmiendo. De pronto me encontraba en una cabaña que me resultaba conocida. Había un cuarto que se parecía bastante a mi habitación anterior. Estaba recostada en la cama y Santiago me despertaba entusiasmado. Me tomaba de la mano e insistía en que lo acompañara afuera. Hacía frío, pero lo seguía y al salir afuera observé los delicados copos de nieve que caían desde un cielo completamente celeste y despejado. Era mágico… pero lo que más me asombraba era la naturalidad con la que luego me abrazaba.

jueves, 18 de octubre de 2007

Día aburrido, han pasado algunas cosas en la semana pero bueno, no tengo tiempo para escribir y no sé por qué lo empecé a hacer ...

domingo, 14 de octubre de 2007

No sé como empezar! Tengo tanto que decir. Antes que nada: el viernes Santiago me preguntó si me parecía bien ir al día siguiente al bosque para hacer el trabajo de biología. Me sorprendió muchísimo. No esperaba que se encargara él de organizar nuestra salida: teníamos que buscar hojas de distintos árboles para el proyecto. Entonces el sábado, después de almorzar, tocó el timbre de mi casa -sin previo aviso- y me preguntó si estaba lista para salir. Nadie en mi lugar hubiera estado listo, pero yo ya tenía una mochila lista con varios mapas, una brújula, un abrigo, sodas, galletas y mi celular por si nos pasaba algo. Sólo debía calzarme (lo que me llevó menos de un minuto), y al fin partimos hacia el bosque. Mi papá estaba de viaje y volvía la noche siguiente, así que ni me molesté en dejar una nota. En el camino apenas hablamos. Comentamos ciertas cosas sobre el trabajo pero nada más.

Al fin llegamos al bosque y empezamos a buscar diferentes hojas. Estaba tan entusiasmada que perdí por completo el sentido de la orientación, lo que me obligó a confiar en Santiago. Cuando me pareció que nos estábamos internando demasiado entre los árboles intenté convencerlo de volver, pero me ignoró por completo. Lo seguí unos minutos más, y en cuanto encontramos suficientes hojas le rogué que volviéramos. Terrible error confiar en un chico. Obviamente él se había distraído más que yo: No tenía la menor idea de en que dirección era la salida! Así que saqué de mi mochila la brújula y tres mapas e intenté entender los mil caminos, senderos y direcciones que estaban indicados. Estaba sentada en el suelo observando un recorrido que me resultaba conocido cuando Santiago insultó mi plan. Luego de eso siguió una pelea. Estábamos perdidos y no quería admitirlo! Lo obligué a sentarse a mi lado e intentar encontrar el camino de regreso, pero no se esforzó en absoluto. Luego de unos minutos pareció preocuparse. Había anochecido y apenas podíamos ver nuestros alrededores. Me asusté y comencé a caminar por el único sendero que se distinguía en medio de esa negrura. Noté como me seguía unos metros atrás hasta que me alcanzó, pero llegó un punto en que ambos debimos detenernos, porque el camino era demasiado confuso. Cansados de caminar y yo al menos de intentar salir de ahí, nos sentamos separados bajo un árbol en silencio. Podríamos haber pasado la noche entera sin decirnos nada, pero dos palabras escaparon automáticamente de mi boca. Tengo miedo, susurré. De pronto, pero tan sólo un instante, sentí su mano rozar la mía. Hubiera sido muy incómodo volver al silencio anterior así que dejamos que la conversación fluyera. Hablamos un poco del colegio, algo de nuestras mascotas, y cuando estaba contándole lo mucho que extrañaba a mis amigos, vi moverse algo cerca de nosotros y grité impulsivamente. Me paré para salir corriendo y Santiago también se levantó del suelo. Señalé con mi dedo a una criatura que nos observaba desde un tronco caído. Santiago no paró de reírse por minutos… al parecer las ardillas eran comunes en los bosques y nada de que asustarse.

Luego del vergonzoso incidente nos sentamos uno al lado del otro. Abrí mi mochila y le ofrecí un paquete de galletas y una soda. Comimos en silencio y más tarde nos recostamos (bastante juntos) en el suelo. Observamos el cielo, las estrellas, y no recuerdo más de esa noche. Seguro me dormí al instante.

Al día siguiente me levanté apenas abrí los ojos. Tomé mis mapas y no paré de analizarlos. Luego de dos horas Santiago despertó. Le comenté mis tres caminos posibles para volver a la entrada del bosque y al fin partimos. Llegamos cerca del mediodía. Se ofreció a explicarle a mi papá lo sucedido, pero como todavía no había vuelto de la ciudad no estaba enterado… y tampoco iba a estarlo. Ya en la puerta de mi casa nos despedimos prometiendo que todo lo que había pasado quedaba entre nosotros.

Jamás vuelvo al bosque!
Fui con Virginia a hacer lo de biología el sábado a eso de las 2:30. En mi mochila llevaba mi cuaderno de apuntes, el libro de biología y una botella con agua. No tenía ni ganas de hacer el trabajo, pero al menos a la noche iba a ir donde unos amigos ver unas películas. Pasé a buscar a Virginia por su casa y luego nos dirigimos hacia el bosque mientras ella me hablaba sobre las hojas que teníamos que buscar. No pudimos hallar rápidamente las hojas que necesitamos para el trabajo, por lo que empezamos a adentrarnos más entre los árboles. Virginia me empezó a molestar porque decía que ya nos habíamos alejado mucho de los perímetros del bosque. No le hice caso y seguí caminando. Pudimos hallar las hojas, pero al querer volver nos dimos cuenta que no sabíamos el camino de vuelta. Virginia me empezó a llamar la atención puesto que no le había hecho caso y empezó a sacar unos mapas y una brújula. Le dije que guardara esas tonterías que no servían de nada y ella se enfureció y me empezó a decir que me callara que estábamos perdidos por mi culpa y no sé cuántas cosas más. Jamás pensé que ella podía hablar de esa manera o debería decir "gritar" de esa manera. A regañadientes tuve que ver los mapas, pero no sirvió de nada. Eran todos confusos. Vi mi reloj pero se me dificultó ver la hora porque había poca luz y fue ahí cuando me di cuenta que estaba oscureciendo y que seguíamos en ese bosque sin saber cómo salir. Virginia después de ver los mapas por enésima vez, empezó a caminar en una dirección y no me quedó otra opción más que seguirla. Estuvimos un largo rato sin hablar hasta que Virginia se cansó y se sentó bajo un árbol y yo hice lo mismo, porque también estaba agotado. ¿Cuánto tiempo estuvimos en ese árbol sin hablarnos? No lo sé ...lo que si sé es que luego de ese tiempo "muerto" Virginia dijo (no sé si me lo dijo a mi) "tengo miedo". En ese momento recordé que ella no era de este pueblo, que seguro no estaba acostumbrada a los bosques y que lo más probable es que estar en uno en medio de la noche la aterrara.
Me invadió un tremendo deseo de protegerla y estiré mi mano para coger la suya. Le dije que no se preocupara, que en este bosque no había ni osos ni víboras. Estuvimos un rato hablando de distintas cosas, cuando de repente, Virginia gritó asustada y se paró a mi lado. Yo me paré también por el susto de su grito y busqué con la mirada el por qué del grito de Virginia. Entonces vi que el dedo tembloroso de Virginia me señalaba algo. Vi lo que me estaba señalando, volteé para mirarla a ella a la cara y empecé a matarme de la risa. No pude aguantar ver a una pequeña ardilla asustada por el grito de Virginia y al mismo tiempo ver la cara de Virginia asustada por la ardilla. Estuve riéndome un rato pero tuve que contenerme porque me pareció que Virginia se estaba enojando aún más porque me estaba riendo de ella. Me senté de nuevo donde había estado antes del grito de Virginia, pero ella se quedo parada un rato viendo a su alrededor. Luego de unos minutos volvió a sentarse, pero esta vez a mi lado. Abrió su mochila y sacó dos paquetes de galletas. Me dio uno. Le ofrecí mi insípida agua pero ella metió su mano nuevamente a su mochila y me ofreció una soda. Comimos en silencio. Cuando Virginia terminó, se paró, dio unos pasos y se tiró al suelo mirando hacia arriba. "Nunca vi así las estrellas" dijo ...y yo sacudí mi cabeza en señal de afirmación. Me acerqué a ella y me recosté a su lado mirando el cielo. Ahí echado a su lado terminé mi última galleta y había empezado a sacar mi abrigo de mi maleta cuando sentí que Virginia se había recostado en mí. La tapé con el abrigo que había sacado y cerré los ojos para intentar dormir. No sé cómo se pudo dormir tan rápido con el miedo que tenía, pero así fue mejor. Hubiera sido incómodo estar con ella asustada, porque no me iba a dejar dormir ...no, no creo que ella me hubiera dicho que me quedara despierto pero si me lo hubiera pedido lo hubiera hecho. Cuando desperté ella ya no estaba recostada sobre mí, estaba sentada un poco más allá viendo los mapas. Cuando me vio levantado se enrojeció un poco y me dijo sin mirarme que había entendido los mapas, y que ya tenía una idea de cómo salir. Tenía razón. Tenía "una idea". Estuvimos caminando como tres horas pero finalmente pudimos salir. Le dije que iba a ir a su casa para explicarle a su padre lo que había sucedido pero me dijo que no eran necesario, que estaba de viaje. Me preguntó por los mios y le dije que se suponía que me iba a quedar a dormir donde unos amigos así que no había problemas. Me despedí de Virginia con el acuerdo de no contarle esto a nadie y de reunirnos otro día para terminar el trabajo de biología.

Capítulo 2

jueves, 11 de octubre de 2007

Jueves. Días que no escribo. El martes pasó algo inesperado: en clase de biología armaron grupos de 4 para un proyecto. Tengo que estar con Santiago, otro chico y una chica. No sé si estar contenta o no. Por un lado me gustaría trabajar con él, pero tengo miedo de que la situación entre los dos se vuelva más incómoda. Tengo que irme, llego tarde a clases.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Si bien la suerte casi siempre ha estado de mi lado, ayer no lo estuvo. En biología empezamos a ver "Introducción sobre estudios forestales". Para esto, la profesora dijo que íbamos a trabajar en grupos de cuatro. Yo ya había formado el mío, pero la profesora continuó hablando y dijo que ella iba a ser la que los formaría. En mi grupo están Nicolás, Lili, Virginia y yo. Y no me quejo, pero hubiera preferido estar con mis amigos. Desde comienzos de año habíamos planeado estar juntos en este proyecto.
Cuando nos reunimos para hablar sobre cómo íbamos a trabajar, Nico y Lili, que son muy amigos, decidieron dividir el trabajo: ellos dos iban a ir al bosque de pinos (oeste del pueblo) y Virginia y yo tendríamos que ir al bosque de caducifolios (sureste)
La verdad estoy preocupado… sólo he ido a ese bosque 2 veces y siempre acompañado. Y para colmo, Virginia conoce menos que yo esa zona.
Saliendo del tema académico, si bien nos sentamos juntos los cuatro, no crucé palabra alguna con Virginia directamente. Ni hemos acordado cuándo vamos a ir a hacer el estudio. Ojalá todo salga bien, este trabajo tiene bastante peso en la nota final…si salgo mal probablemente tenga que rendir biología en vacaciones.

Dentro de poco tengo que ir al colegio... hoy me levanté re-temprano, no sé por qué... hay algo que me incomoda inconscientemente creo...

lunes, 8 de octubre de 2007

Día triste, curiosamente triste. Me levanté, desayuné, salí de la casa y me crucé con Santiago. Nos miramos durante una fracción de segundo hasta que él quitó sos ojos de los míos. Caminó delante de mí hasta llegar al colegio. Ni siquiera volteó para saludarme. Me sentí tan sola. Creí que podríamos ser buenos amigos, pero definitivamente no se interesa en mí. Me torturé por minutos en mi mente, pensaba en que tendría de malo para provocar que se alejara. A una cuadra del colegio me escondí en un callejón para calmarme un poco. Tenía ganas de llorar. Sentí vergüenza, vergüenza por sentirme ignorada, a pesar de que el sábado habíamos compartido un tiempo juntos en el bosque. Cerré los ojos formando una barrera entre las lágrimas y mis pestañas. No podía llorar, sería demasiado patético. No quería que nadie me viera así, menos él. Abrí los ojos luego de un minuto y sentí bronca. Presentí que me había sonrojado cuando llegué al colegio. No me fijé dónde estaba Santiago. Quería olvidarme de todo.

Llegué hace una hora y me puse a tocar el piano. Me relajó, pero no lo suficiente como para evitar mirar desde la ventana al cuarto de al lado.

Acabo de llegar del colegio. Volví rápido porque tengo unas ganas únicas de escribir. Hoy en la mañana me pasó algo; no sé, raro ...
Estaba saliendo para ir al colegio, cuando vi que de la casa vecina salía la chica que me despertó en el bosque (recién hoy averigüé que se llama Virginia), nuestras miradas coincidieron por un instante, que en lo personal, me pareció bastante. Sin embargo, llegó un momento que no pude resistir verla más y tuve que bajar la mirada. Sentí que la suya era más fuerte, de más carácter y "me vencía".
Bajé los escalones de la entrada de mi casa y empecé a caminar hacia el colegio. Pude ver como ella también empezaba a bajar los escalones de la suya. No me atreví a voltear, aunque me pasé todo el camino pensando en cómo mirar hacia atrás sin que ella se diera cuenta de lo que hacía.
Cuando llegué al colegio, me senté en una banca desde la que se veía la puerta de entrada. Y me sorprendió que Virginia llegara unos 5 minutos después, cuando sólo le llevaba unos pocos pasos de ventaja. Apenas la vi llegar, fui donde mis amigos, que me preguntaron por qué me había sentado en la banca. Les dije que me había dado un mareo, pero nadie me creyó ni se preocupó por mí. Con lo bromistas que somos en el grupo, yo tampoco les hubiera creído ...¿o sí?
Las clases del día fueron normales para mí, excepto por esa carga de haber bajado la mirada y de no haberla saludado a pesar de haber estado juntos un rato el sábado en el bosque.
Algo sobre el domingo: mientras descansaba en mi cuarto escuché una melodía que me capturó. Venía de un piano, parecía Virginia; al menos sonaba como lo había imaginado.

sábado, 6 de octubre de 2007

Sábado: temprano, muy temprano. Acaba de salir el sol. Estaba esperando un poco de luz antes de salir a caminar. Leí que los senderos pueden ser engañosos así que conseguí unos planos y mapas de los alrededores. Los guardé en mi mochila junto con mi cámara de fotos, una botella de agua y un abrigo por si refresca. Salí de la casa y respiré profundamente. Miré a ambos lados del camino y decidí verificar el mapa una vez más (estaba nerviosa!).

Llegué a la entrada del bosque y me interné entre algunos arbustos. Empecé a caminar por un sendero de tierra que parecía seguro. Al rato no tenía idea de dónde estaba. Completamente perdida seguí dando vueltas hasta notar un chico dormido contra un árbol. Quise despertarlo, pero no me animaba: era el chico de mi clase que había caído al suelo el otro día. Tenía miedo de que se enojara o algo por interrumpirlo, así que me quedé a lo lejos, pensando qué hacer por más de 20 minutos. Al final me acerqué, me arrodillé a su lado y noté unos dibujos sobre el suelo. Los tomé y al parecer el movimiento lo sobresaltó. Lo primero que se me ocurrió fue halagarlo por lo bien que dibujaba, pero reaccionó bastante mal. Salí corriendo por la vergüenza, me persiguió, tropecé y me vi obligada a aceptar su ayuda. Nos sentamos a hablar para contarnos sobre nosotros… y para que mi rodilla descansara. Se llama Santiago, también cumplió 17 años hace poco y le gusta mucho dibujar, aunque sea en secreto. Me contó que siempre que quería despejarse iba a ese lugar del bosque, y cuando mencionó que se hacía tarde dije que lo acompañaba al pueblo (no quería mencionar que me había perdido, me sentí inútil).

Volvimos caminando juntos, pero apenas hablamos. Me puse triste, quería que compartiera más de su historia conmigo. Como la situación se tornaba incómoda, se desvió y entró a una tienda del centro comercial. Yo me volví sola y más tarde lo vi llegar a la casa. Me escondí, porque noté que desde afuera miraba hacia mi cuarto. Quería volver a hablar con él, pero no presentí que estuviera muy interesado en conocerme. En fin, no iba a insistir, ni siquiera sabe que somos vecinos.

Tiempo que no dibujaba. Me levanté temprano para no tener que decir a donde iba. A las 6:07 ya estaba en camino con el cuaderno de dibujo y el lápiz, todo dentro de mi mochila.
Fui caminando mientras respiraba "el fresco" de la mañana. Llegué a donde siempre me ha gustado ir. Esa parte del bosque: hay una especie de hueco entre los árboles donde me puedo echar y entro perfectamente. Parece mi cama natural. Ese lugar siempre me ayuda a aclarar mis ideas y a calmarme en momentos de enojo.
Empecé a hacer unos trazos desordenados para afinar la punta del lápiz y calentar un poco mi mano... no confiaba en mi pulso después de tanto tiempo.
Comencé a dibujar lo que estaba frente a mí hasta terminarlo. Me sentí feliz: había olvidado lo satisfactorio que era terminar un dibujo.
Contemplé un rato el cielo, pero poco a poco mi visión se fue nublando y mis párpados empezaron a cerrarse. Me quedé dormido.
No tengo idea cuánto tiempo estuve ahí tirado en la tierra hasta que un ruido me despertó. Abrí los ojos y vi a una chica de cabello largo, oscuro.
"Me gustan tus dibujos", dijo.

¿Quién se había creído para estar espiándome? ¿Qué tenía que estar ella viendo mis dibujos, qué hacía arrodillada junto a mí?
Me levanté rápidamente mientras guardaba todo en mi mochila.
Cuando terminé la miré, y me dí cuenta de su piel pálida y sus ojos verdes... era la chica del colegio, la nueva.
¿Qué hacías junto a mí, me querías quitar algo o qué? - le increpé fuertemente.
Intentó responderme pero sólo balbuceó unas palabras que no entendí. Inmediatamente se volteó y empezó a correr, y fue en ese momento que me di cuenta de mi terrible reacción.
Empecé a perseguirla diciéndole que pare, y lo hizo pero no por mí: se cayó. Tuvo suerte de caerse en una zona donde abundaba el pasto. Sólo manchó un poco su ropa de verde.
La ayudé a pararse al mismo tiempo que le pedía perdón por mi reacción. "Creo que fue la sorpresa de que me despertaras lo que me puso así", ella se tranquilizó y me quitó el sentimiento de culpa por su caída.
Aunque se paró con mi ayuda, se sentó porque estaba un poco adolorida. No se me ocurrió mejor idea que ofrecerle agua que traía conmigo. Me lo agradeció.
Estuvimos hablando un rato sobre nosotros. Me enteré que se había mudado hace poco y que por eso había entrado al colegio casi a fin de año. Me contó también de su gata y de su afición por el piano y su incipiente fotografía. Y luego.. empezó a preguntar sobre mí; la noté interesada así que le conté algunas cosas. No podía crear la atención que ponía a cada palabra que decía.
Quise quedarme más tiempo, pero tenía que irme. Se estaba haciendo tarde. Ella al parecer iba al mismo lugar que yo, pero quise comprar algo y me fui hacia las tiendas. Creo que noté cierta decepción en su cara, lo que me confundió.
Luego de comprar, cuando volvía miré la casa del vecino y vi a alguien que se ocultaba rápidamente detrás de las cortinas ...¿podrá ser que ella?... creí reconocerla, pero... no, no lo creo.

viernes, 5 de octubre de 2007

Ya perdí la cuenta de los días. Viernes, terminé la primera semana de colegio. No estuvo nada mal. Hice amigas, el pueblo me gusta y mi cuarto más todavía. Estoy muy relajada, no me cuesta seguir el ritmo de las clases y tengo tiempo para practicar piano. Algo que nunca mencioné: toco desde los 8 años. Hubo una etapa en la que dejó de gustarme, pero ahora la música lo es todo para mí. Me encanta crear de la nada algo que sea sólo mío.

Quiero contar sobre el miércoles, fue un día diferente. Un chico llegó tarde a clases; alto, de pelo castaño, piel bronceada, y ojos claros, color miel creo, son muy raros.. pero atrayentes sin duda.
Me distraje. Estaba escribiendo: entró apurado, se resbaló y cayó al suelo. Mientras todos se reían yo me quedé pensando. Me hizo acordar a una vez que caí al suelo de chica y mis compañeros se rieron. Sentí tanta vergüenza! Y en ese instante sentí pena por él, pero al parecer le afectó poco, se levantó como si nada, sonrió y agradeció (?) antes de sentarse. Terminó el día bastante rápido, me volví a mi casa y dos horas después vi entrar al mismo chico en la casa de al lado. Supongo que entonces es mi vecino. Quisiera hablar con él, pero no me gustó nada como me miró luego de caerse. Ojalá no se sienta mal.

Cambiando de tema... mañana salgo a recorrer un poco más el lugar. Quiero conocer los bosques de los alrededores, presiento que podría inspirarme.

jueves, 4 de octubre de 2007

Tengo que ser realista: no puedo escribir todos los días. Si no es por mi flojera es porque me olvido ...no estoy acostumbrado a escribir. Además en caso de que me descubran alguna vez, si escribo todos los días van a pensar que soy un afanado con este tipo de diario...

Ayer fue un día para el olvido. Como no llevé a reparar mi mochila, he estado yendo con mis cosas en la mano. Cuando ingresé al salón (un poco tarde) no me di cuenta que el piso estaba mojado: mi pie se deslizó con el agua, y cuando me quise apoyar sobre la mesa para no caerme, mi mano cercana a ésta estaba sosteniendo los libros, por lo que no me pude coger de nada y caí sentado. Pos suerte apenas me mojé. Tenía que pararme, no podía quedarme ahí para siempre, pero no quería por todas las risas. Sin embargo, me paré levantando los brazos (simulando triunfo) y diciendo "gracias". Ahora, lo que me enojó fue que esa chica nueva no se estaba riendo. ¡Era la única! ...hasta el profesor se estaba aguantando la risa. ¿Acaso sentía lástima de mí o qué?
Hoy fui viendo cada centímetro delante mío para ver si había alguna cosa que pudiera atentar contra mi equilibrio. Hoy mi nombre cambió a "cuidado te caes".

Ahora que lo pienso, nadie se acercó a ayudarme y nadie me preguntó si estaba bien. Ni mis amigos ...bueno, supongo que yo hubiera hecho lo mismo ...¿o no?

martes, 2 de octubre de 2007

Martes. 3:56 a.m., debo ser la única persona despierta en millas. No puedo dormir. Me quedé leyendo hasta ahora, no sabía que hacer. No se por qué no puedo cerrar los ojos y dejar de pensar, creo que extraño saber que va pasar, cómo me voy a sentir… y no tengo idea de que va a ser de mi día. Me aterra. Quiero un amigo, pido demasiado?

A la noche: tendría que ser más optimista, fue un día bastante agradable. Salí con unas chicas a la tarde. No me siento parte del grupo todavía, pero es cuestión de tiempo. Al menos conozco gente. Me voy a dormir, llevo más de un día y medio despierta.

Ayer no escribí, se me pasó el día porque dormí un poco al volver del colegio. Pero puedo decir que ayer fue un día raro. Antes de ir a los salones, en la mañana, me pareció ver una chica nueva, pero supuse que era alguna con cambio de 'look'. Sin embargo, al entrar a los salones, vi que esa chica estaba en nuestro salón y no era alguien que se había hecho un cambio de 'look'.
¿Quién se cambia de colegio en Octubre? ...Seguro la botaron del otro colegio. Me pareció escuchar por ahí que se llama Viviana.
Por otro lado, no había ningún trabajo por entregar ni nada. Me preocupé en vano. Todo el día fue clases normales.
¿Qué pasará hoy? ...sería interesante poder ver el futuro aunque sea sólo un día

lunes, 1 de octubre de 2007

Lunes, 6:34 a.m., me levanté demasiado temprano quizás. Tengo pánico de llegar tarde! Extraño mi uniforme. No sé que ponerme. En bata… bajo a buscar un café, vuelvo a subir y noto que una ventana de la casa de al lado se abre. Intento no mirar, no sea cosa que parezca que espío. Resisto, resisto, pero no puedo evitar una mirada rápida. Alguien se acaba de ir del cuarto. Definitivamente un adolescente. Debería ordenar un poco la habitación… y dejo de mirar, porque... no me incumbe (?). Imposible!, me atrae el desorden. Creí que los chicos de pueblo eran más tranquilos. Me río. Igual... ni que fuera alguien para juzgarlo: suelo ser muy poco ordenada. 7:30 a.m., tengo que irme… que miedo!!

18:09. Estoy bien. No fue la gran cosa. El colegio es grande y entre tantos alumnos pasé desapercibida. Mejor así, no me gusta llamar la atención. Si estuvieran todos alrededor mío estaría incómoda. Conocí a unas chicas, pero ni que nos hubiéramos vuelto amigas tan rápido. En fin, no fue un día malo, por algo tenía que empezar.